Cuánta electricidad consume de verdad la minería de bitcoin
Las estimaciones publicadas se mueven entre 90 y 190 teravatios hora al año. Ese margen no es incompetencia: es que nadie mide el consumo directamente y todos los modelos parten de la misma incógnita.
Si busca cuánta electricidad consume la minería de bitcoin encontrará cifras que difieren en un factor de dos. Noventa teravatios hora al año en una fuente, ciento noventa en otra, y ambas citando metodologías serias. No es que unos mientan: es que nadie mide nada directamente y todos los modelos dependen de una variable que no se puede observar.
Lo que sí se sabe con exactitud
La red publica de forma continua y verificable un dato: la dificultad, es decir, cuántas operaciones criptográficas hacen falta de media para encontrar un bloque válido. De ahí se deriva el hashrate, la potencia de cálculo agregada que está trabajando en un momento dado. Ese número es sólido: es lo que hace funcionar el sistema y no se puede falsear.
También se conoce con precisión la eficiencia de los equipos que se fabrican. Los fabricantes publican, para cada modelo, cuántos julios consume por cada operación de cálculo. Los equipos actuales rondan los 15 julios por terahash; los de hace cinco años, entre 30 y 45; los de hace diez, cientos.
Lo que nadie sabe
Y aquí está el problema entero: nadie sabe qué proporción de cada generación de equipos sigue enchufada. El cálculo del consumo exige multiplicar el hashrate por la eficiencia media del parque instalado, y esa eficiencia media depende de la mezcla de máquinas viejas y nuevas que hay funcionando ahora mismo en el mundo.
Esa mezcla no es pública. Depende del precio de la electricidad en cada país, del precio del bitcoin y de si a un operador con acceso a energía muy barata le compensa mantener en marcha equipos que en otro sitio serían chatarra. Cuando el precio sube, vuelven a encenderse máquinas antiguas; cuando baja, se apagan primero.
De ahí salen los dos extremos del rango. El escenario optimista supone un parque renovado y eficiente. El pesimista supone que sigue funcionando mucha máquina vieja. La verdad está en algún punto intermedio que se mueve con el mercado.
El cálculo exige conocer la mezcla de máquinas viejas y nuevas que están enchufadas ahora mismo. Ese dato no es público y cambia con el precio de la electricidad.
Poner la cifra en contexto
Tomando el punto medio del rango, unos 140 teravatios hora anuales, la comparación más usada es con países: se sitúa en el orden de magnitud del consumo eléctrico anual de un país europeo mediano. Es una comparación llamativa y bastante poco informativa, porque un país tiene hospitales, trenes y fábricas, y esto es una sola aplicación informática.
Comparaciones más útiles: el conjunto de los centros de datos mundiales consume varias veces más. Las pérdidas por transporte y distribución en las redes eléctricas del mundo son también muy superiores. Y el aire acondicionado doméstico está en otro orden de magnitud por encima.
Nada de esto absuelve ni condena. Sirve para situar la escala, que es lo que suele faltar en la discusión.
El argumento de la energía sobrante
El sector defiende que buena parte de su consumo aprovecha energía que se desperdiciaría: gas quemado en antorcha en pozos petrolíferos, excedentes de hidroeléctrica en temporada de lluvias, generación renovable en horas de precio negativo. Todo eso existe y es comprobable en varios emplazamientos concretos.
El argumento tiene una debilidad estructural. Un consumidor que solo funciona cuando sobra energía es un negocio malo, porque el equipo está parado la mayor parte del tiempo y la amortización no sale. El incentivo económico empuja hacia el funcionamiento continuo, y el funcionamiento continuo exige energía firme, que es la que compite con el resto de usos.
Existe un matiz interesante en el otro sentido: la minería es uno de los pocos consumidores industriales que puede desconectarse en segundos sin dañar el proceso. Algunos operadores de red ya la contratan como capacidad de respuesta rápida, pagándole por apagarse en los picos de demanda. Ese uso sí es difícil de replicar con otras industrias.
El dato que casi nunca se publica
Hay una segunda magnitud, más difícil de estimar y con menos titulares: los residuos electrónicos. Un equipo de minería tiene una vida útil corta, entre año y medio y tres años, porque queda obsoleto en cuanto aparece una generación más eficiente. No es reconvertible: son circuitos diseñados para una sola operación.
Las estimaciones publicadas sitúan el flujo anual en decenas de miles de toneladas, con la misma horquilla amplia y por la misma razón. Es un problema de gestión de residuos convencional, sin nada específico del bitcoin salvo el ritmo de renovación.
Cómo leer la próxima cifra que vea
Tres preguntas bastan para saber si una estimación merece atención. Primera: ¿qué eficiencia media del parque asume, y por qué esa y no otra? Segunda: ¿publica un rango o una cifra única? Una cifra única sin intervalo es, en este terreno, una señal de alarma. Tercera: ¿incluye el sobrecoste de refrigeración o solo el consumo de los equipos?
Las fuentes serias contestan a las tres en su documentación metodológica. Las que no contestan suelen estar defendiendo una posición previa, en un sentido o en el contrario.
El consumo de la minería de bitcoin es alto, medible en el orden de magnitud de un país mediano y conocido con una incertidumbre del cincuenta por ciento. Cualquier afirmación más precisa que esa está inventando el dato que falta.
Elaborado a partir de series públicas de dificultad de red, hojas técnicas de fabricantes de equipos y estudios académicos abiertos. Los rangos citados reflejan la incertidumbre real de los modelos.