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El Mediterráneo lleva cuarenta días por encima de su récord

La temperatura superficial del mar acumula seis semanas por encima del máximo de la serie histórica. El agua caliente no solo asfixia praderas submarinas: es el combustible de las tormentas de otoño.

Ignacio Delgado

· 5 min de lectura

Luna llena sobre el mar en calma al anochecer, con un reflejo alargado sobre el agua.
La superficie del mar no muestra nada a simple vista. La anomalía térmica solo aparece cuando se compara el dato de hoy con la media de las últimas cuatro décadas. Foto: Wikimedia Commons

El indicador que conviene mirar este verano no es la temperatura del aire. Es la del agua. La temperatura superficial media del Mediterráneo acumula cuarenta y un días consecutivos por encima del máximo registrado para estas fechas en toda la serie, y el pico de la temporada aún no ha llegado.

El fenómeno tiene nombre técnico —ola de calor marina— y una definición operativa precisa: cinco días o más con la temperatura superficial por encima del percentil 90 de la serie histórica para ese día del año. No es «hace calor»: es una anomalía medida contra el propio comportamiento estacional del mar.

Por qué el mar es distinto

El agua tiene una capacidad térmica enorme comparada con el aire: hace falta muchísima más energía para calentarla un grado. Ese es el motivo de que el mar actúe como amortiguador del clima y de que sus anomalías, cuando aparecen, sean mucho más persistentes que las atmosféricas.

Una ola de calor terrestre dura días y se rompe con un frente. Una marina puede prolongarse meses, porque no hay nada que se lleve ese calor deprisa. Y la inercia funciona en los dos sentidos: el agua tarda tanto en enfriarse como tardó en calentarse.

El Mediterráneo agrava el problema por geometría. Es una cuenca semicerrada, poco profunda en amplias zonas y con un intercambio con el Atlántico muy limitado por el estrecho de Gibraltar. El calor que entra tiene pocas vías de salida.

Mapa de la cuenca mediterránea coloreado en tonos naranjas y rojos, que marcan la anomalía cálida de la temperatura superficial del mar.
Los mapas de anomalía no muestran la temperatura absoluta, sino la desviación respecto a la media de referencia. Es la única forma de comparar agosto con agosto. Imagen: Wikimedia Commons

Lo que le pasa a la posidonia

El efecto ecológico más documentado en esta cuenca afecta a las praderas de Posidonia oceanica, una planta marina endémica que forma extensiones submarinas de decenas de kilómetros y que es, sin exagerar, la infraestructura básica del litoral mediterráneo.

Las praderas hacen tres trabajos a la vez: fijan el sedimento y frenan la erosión de las playas, oxigenan el agua costera y sirven de zona de cría a buena parte de las especies pesqueras de la plataforma. Una playa con pradera delante y otra sin ella no se comportan igual ante un temporal.

El problema es su ritmo. La posidonia crece pocos centímetros al año y sus praderas tardan siglos en formarse. Un episodio térmico prolongado provoca mortalidad de haces que la planta no puede reponer en escalas humanas: lo que se pierde en un verano no se recupera en una generación.

La posidonia crece pocos centímetros al año. Lo que se pierde en un verano de agua caliente no se recupera en una generación.

Pradera submarina de posidonia con hojas verdes alargadas ondulando sobre fondo arenoso.
Una pradera de posidonia. Bajo la superficie visible hay un entramado de rizomas y sedimento acumulado que puede tener miles de años. Foto: Wikimedia Commons

El combustible del otoño

Hay una segunda consecuencia que no es ecológica sino meteorológica, y que afecta directamente a la costa. El vapor de agua que alimenta las tormentas mediterráneas de septiembre y octubre sale del propio mar. Cuanto más caliente está la superficie, más evaporación, y más energía latente disponible para un sistema convectivo.

Los episodios de lluvia torrencial del Mediterráneo occidental se han asociado repetidamente a anomalías cálidas previas en la temperatura del agua. La relación no es lineal ni determinista —hace falta además la configuración atmosférica adecuada—, pero el agua caliente es una condición que aumenta el techo de lo que puede ocurrir.

Dicho de otro modo: la anomalía de agosto no predice una tormenta concreta en octubre, pero sí eleva el máximo posible de las que lleguen a formarse.

Cómo se mide, y por qué conviene saberlo

El dato de temperatura superficial procede de la combinación de dos fuentes: radiómetros infrarrojos y de microondas a bordo de satélites, y una red de boyas y perfiladores autónomos que da medidas in situ para calibrar los satélites.

El satélite mide, en rigor, la temperatura de la película superficial —el primer milímetro de agua—, que puede diferir en varias décimas de la de los metros inmediatamente inferiores en condiciones de calma y sol intenso. Por eso las series bien construidas corrigen ese sesgo con las boyas antes de publicar nada.

El detalle importa cuando se comparan cifras de fuentes distintas: dos series pueden diferir en dos o tres décimas simplemente por la profundidad de referencia y el periodo de la media climatológica. La anomalía es comparable; el valor absoluto, no siempre.

Qué se puede hacer con esto

A escala de cuenca, nada a corto plazo: el calor acumulado en el agua no se retira. Lo que sí es accionable es la gestión de lo que está encima. Las praderas dañadas por el calor resisten peor cualquier presión añadida, y las presiones añadidas —fondeo de embarcaciones sobre pradera, vertidos, regeneración de playas con dragado— sí se regulan.

Varias administraciones costeras han empezado a cartografiar las praderas con precisión suficiente para prohibir el fondeo en las zonas vivas y desplazarlo a fondos arenosos. Es una medida barata, verificable por satélite y con efecto medible en pocos años.

El agua se enfriará en otoño, como cada año, y probablemente lo hará más tarde de lo habitual. La serie seguirá publicándose a diario y en abierto: es de los pocos indicadores climáticos que cualquiera puede comprobar por su cuenta sin intermediarios.

Elaborado a partir de series públicas de temperatura superficial del mar y de literatura científica abierta sobre olas de calor marinas.